domingo, 26 de febrero de 2012

Domingo.


Odio los domingos.
Me hacen daño y me duele. no me entiendo ni yo, se me caen las paredes y el universo me come.

Me arruino en mi miseria, me agobio, me descentro y me resbalan las palabras.
Menos mal, que irremediablemente, siempre llega el lunes.

No me juzguen, no creo en los domingos malos, sino en la abundancia de tiempo libre con la que algunos juegan y otros, como a mí, nos da por pensar.
Quiero pensar que todavía queda algún domingo extraviado dispuesto a demostrarme lo contrario.

Te espero.

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